domingo, 16 de octubre de 2016

EL AHORRO EN LOS JÓVENES

El prefil del joven ahorrador ese el que tiene 22 años cuando empieza a apartar parte de sus ingresos, trabaja, vive en una gran ciudad, en pareja o con hijos y colabora en la economía familiar cada mes.

La conocida como generación del milenio o generación 'millennial', a diferencia de la generación precedente (y a pesar de la supuesta mala fama que se le da) si se preocupa por su futura estabilidad económica y por la de su familia. Según el Barómetro de VidaCaixa “Hábitos de ahorro en la generación millennial”, el 76% los jóvenes de entre 25 y 35 años destina parte de sus ingresos a este fin. El principal motivo es asegurarse un buen futuro (80%): garantizar su jubilación (gracias a este sistema que es un esquema Ponzi) o proporcionar estabilidad económica y protección financiera a sus hijos y, en general, a sus familiares. Desean estar protegidos ante imprevistos (60%) pero no renuncian a disfrutar del presente. Las vacaciones y los viajes (40%) son el tercer motivo más veces aducido por los jóvenes para ahorrar.

Retrato típico

El 'millennial' ahorrador es un joven que tiene 22 años cuando empieza a ahorrar, trabaja (78%), vive en una gran ciudad, en pareja y/o con hijos (58%), colabora en la economía familiar (25%) y tiene entre uno y dos productos financieros de ahorro.

Según el citado informe, de media, los jóvenes españoles ahorran unos 155 € al mes, cantidad que representa un 17% de sus ingresos. Pero existen ciertas diferencias entre hombres y mujeres. Los hombres ahorran más, concretamente un 19%. De media reservan 168 € al mes frente a los 141 € al mes de las mujeres.

Uno de cada tres jóvenes ahorra de forma sistemática una cantidad fija al mes y casi la mitad lo hace de forma puntual, cuando puede y la cantidad que le sobra al final del mes. Sin embargo, la mayoría, concretamente el 61%, querría ahorrar más. También en este punto se detectan ciertas diferencias entre sexos. Entre las mujeres, este porcentaje es incluso mayor y alcanza el 66%. Por el contrario, el 43% de los hombres asegura que ahorra justamente lo que desea.

Los 'millennials' que no ahorran

En el citado informe se constata que se trata de una generación afectada por la crisis económica y esto se refleja en su manera de ahorrar. Quienes no lo hacen es porque no trabajan (el 34% no tiene ingresos o no tiene empleo) o porque no llegan a final de mes (32%).

Del 24% de jóvenes que afirma no ahorrar a día de hoy, tres de cada cuatro (75%) sí lo lograban en el pasado y han dejado de hacerlo porque ha empeorado su situación profesional (59%) o porque la familia tiene ahora menos ingresos que antes (25%). Hasta un 70% piensa que la pensión pública no será suficiente para vivir

El 90% no sabe cuánto cobrará cuando se jubile

Gracias a este sistema Ponzi, al menos hay algo claro (yo me incluyo), la gran mayoría de estos jóvenes preocupados por su futuro económico se muestra desconfiada con respecto al sistema público de pensiones. Hasta un 70% piensa que la pensión pública no será suficiente para vivir. Se trata de una percepción extendida, a pesar de que hasta nueve de cada diez no sabe cuál será el importe aproximado de su pensión pública cuando se jubile. Sobre todo los no ahorradores son quienes muestran un mayor desconocimiento de esta cantidad: un 97% de ellos asegura no saberla. Así mismo, el 80% de los 'millennials' desconoce cuánto tiene que ahorrar para tener la jubilación que querría.

Expectativas de futuro

El 43% de los que hoy ahorran espera ahorrar más en el futuro, ya que cree que tendrá más ingresos (46%), mejor trabajo (18%) y menos gastos (11%).
La otra mitad no tiene tan buenas expectativas de mejorar su capacidad de ahorro cuando cumpla los 40. Un 35% cree que ahorrará lo mismo y un 22% considera que ahorrará menos.

Expectativas de futuro de los que no ahorran

Quienes hoy no ahorran, confían en poder hacerlo más adelante. Ocho de cada diez creen que a los 40 sí ahorrarán porque tendrán más ingresos y un mejor trabajo. Sin embargo, el impacto que la crisis ha tenido en esta generación se detecta en sus expectativas. Sobre todo los más adultos (30 a 35 años) creen que la crisis no les permitirá mejorar su capacidad de ahorro en los próximos años.
Los principales factores que conducirán al ahorro en el futuro (para todos los consultados) son: conseguir un empleo mejor pagado, alcanzar cierta estabilidad en sus ingresos y poder hacer frente a los gastos imprevistos.

¿A qué renunciarían los 'millennial'?

Los 'wearables' ('smartwatch', 'fitness tracker', etc.) son lo primero a lo que estos jóvenes dejarían de destinar recursos, concretamente el 64% lo harían así. El gimnasio (46%), la ropa (43%) o renovar el 'smartphone (40%) son, por este orden, lo primero que suprimirían. El ocio (cine, teatro, restaurantes y viajes) abre una brecha entre los más jóvenes y los mayores: mientras el colectivo de 25 a 29 años no renunciaría a su ocio por ahorrar, la franja de 30 a 35 años lo haría en mayor medida.
Los más jóvenes ahorran más en efectivo (30% de los jóvenes de entre 25 y 29 años).

Productos de ahorro preferidos

Los 'millennials' conocen varios productos de ahorro a largo plazo que ofrece el mercado, como los planes de pensiones (57%), las acciones, bonos y obligaciones (36%). Sin embargo, los productos de ahorro más contratados son las cuentas de ahorro y las cuentas corrientes (43%). Depósitos y fondos de inversión son más comunes entre los hombres (14% y 9% respectivamente) y los depósitos, además, entre la franja de
jóvenes más adultos (el 13% de los jóvenes de entre 30 y 35). Los más jóvenes ahorran más en efectivo (30% de los jóvenes de entre 25 y 29 años). Para contratar estos productos, el canal por excelencia son las oficinas (53%) aunque afirman que preferirían utilizar algo más la web (25%) y un gestor (22%) de lo que lo hacen actualmente. En lo que se refiere al seguimiento de los productos contratados, la web cobra más importancia pasando a ser el segundo canal más usado (32%). La oficina sigue siendo el canal principal (36%) e incluso querrían usarlo más de lo que lo hacen (40%).

Es interesante analizar las alternativas (aunque el informe no lo diga) que otras entidades pueden ofrecer en el tema de ahorro, tanto a largo, como a corto plazo.

Perfil de riesgo

El 61% prefiere evitar peligros a la hora de contratar productos de ahorro y mantiene un perfil conservador (no obstante, el ahorro siempre tiende a ser conservador, pues lo contrario sería perfil inversor), aunque un 23% afirma que estaría dispuesto a asumir cierto riesgo para conseguir una mayor rentabilidad.
Hasta un 40% de los ahorradores cree que la inversión en vivienda es la mejor manera de ahorrar (mucho ojo a este tema, pues la hipoteca tiene muchos costes). Todo lo contrario ocurre entre los no ahorradores: el mismo porcentaje cree que es un mal método de ahorro.

Vías de asesoramiento para el ahorro

A pesar de ser la generación de las nuevas tecnologías (tienen de media tres dispositivos electrónicos), los canales que más utilizan los 'millennials' para asesorarse sobre productos de ahorro son familiares y oficinas, en ambos casos en un 42%. Aun así, afirman que preferirían utilizar más de lo que lo hacen la web (25%) y un gestor (25%).

Esto es importante, pues creo que la vía de análisis personalizado debería de ser la opción más elegida. Una web nunca te va a dar un análisis personalizado de tu situación.

JIV

domingo, 25 de septiembre de 2016

EL AHORRO PRIVADO.

Es muy importante tener presente la importancia de complementar la pensión pública con el ahorro privado, para que en esos momentos de garantía y seguridad, el nivel de vida no se vea afectado.

El tema de las pensiones viene de lejos, teniendo en cuenta la crisis y el problema demográfico.

Según el estudio "los españoles ante el ahorro y la jubilación" del instituto Aviva (que puede consultarse en este enlace http://www.instituto-aviva-de-ahorro-y-pensiones.es/corporativa/prensa/notas-prensa/los-espanoles-mejoran-su-capacidad-de-ahorro-este-ano-pero-aumenta-la-brecha-entre-hombres-y-mujeres), el 71 % de los españoles cree que no van a tener pensión pública y si la recibieran, hay un 84% que piensa que ésta no será suficiente para cubrir los gastos de subsistencia.

Todo esto pone de manifiesto que la mayoría de los españoles les preocupa el futuro de las pensiones públicas y que creen necesario complementarlas. Según se desprende del anterior estudio, además, es en la población joven donde hay una preocupación más instalada.
Sin embargo el ahorro privado para la jubilación no está consolidado. Ello es debido principalmente al desconocimiento de estos productos y a la dificultad de ahorrar. Y otra razón también se debe a que la jubilación se ve muy lejana en el tiempo y se prefiere disfrutar el presente.

Ya en 2012, la Comisión Europea, publicó un informe titulado "Libro Blanco, agenda para unas pensiones adecuadas, seguras y sostenibles" (http://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=CELEX%3A52012AR0747), donde se reflejan las preocupaciones acerca de los sistemas de pensiones.
El objetivo es lograr la sostenibilidad y la adecuación de las pensiones a largo plazo, así como mejorar las oportunidades para constituir unos planes de ahorro complementarios seguros.
Estos planes de ahorro, deben tener un papel mayor a la hora de garantizar las pensiones, por lo que se deben buscar las maneras de mejorar la rentabilidad, la seguridad y el acceso igualitario de estos planes.

Todo ello debe ir encaminado a constituir estos planes como un instrumento que contribuya a garantizar unas tasas de reemplazo adecuadas en el futuro (permitiendo que la gente se jubile sin tener que seguir trabajando para mantener su nivel de vida).
Asimismo, el consumidor o, mejor dicho, el inversor particular debe tener más información y conocimientos para así mejorar la confianza en relación a estos planes.

Esto es una cuestión que en otros países europeos y no europeos está totalmente interiorizada. Sin embargo, en España el sistema público es el que soporta prácticamente más de un 70% de lo que es la pensión.
Esto tiene consecuencias sobre el llamado Fondo de Reserva de la Seguridad Social (que surgió en el año 2000 por una exigencia institucional para establecer fondos destinados a atender desviaciones entre los ingresos y gastos de la Seguridad Social, atenuando los efectos de los ciclos económicos bajos y garantizar un equilibrio financiero), que a día de hoy, solo tiene liquidez para hacer frente a las pagas extra de verano y Navidad hasta 2018.

EL SISTEMA ESPAÑOL.

El sistema en España es un sistema de reparto. Un sistema que, según algunos críticos, se basa en un esquema Ponzi: las pensiones se pagarán siempre que haya suficientes cotizantes por pensionista (se habla de que lo razonable es que haya 2.5 cotizantes por cada jubilado).
Las variables no son las mismas. Pues la esperanza de vida es mayor y hay menos cotizantes por jubilado (menos de 2,29 según datos de la Seguridad Social). Por lo tanto, el sistema debe ser reformado cuanto antes, ya que los cotizantes deben asumir cinco años más de aportaciones, para sostener una pensión que es el doble de la cotización durante la esperanza de vida del jubilado (o sea, retrasar cinco años su jubilación), según un estudio del Instituto de Estudios Bursátiles.
Asimismo, si tenemos en cuenta los años para el cálculo de la pensión, la reducción del peso por año cotizado y la prolongación de la vida laboral, repercutirán a la baja las pensiones, según cálculos de la Fundación de Cajas de Ahorro.

Todo sin olvidar que la incorporación de los jóvenes es más tardía, lo que supone un retraso en la entrada de cotizantes.

Por eso es necesario reformar el sistema de pensiones hacia un sistema que garantice lo mínimo, complementado con planes privados de ahorro (ya sean en forma de fondos de pensiones o de cualquier otro tipo), de manera individualizada. Así podemos garantizar que nadie pueda quedarse desamparado (al no poder sufragar los gastos básicos) y también premiar al ahorrador (sería interesante analizar porqué la fiscalidad de los planes de pensiones es tan distinta a la de los planes de ahorro).


JIV

domingo, 18 de septiembre de 2016

GRANDES ECONOMISTAS: ADAM SMITH (1723-1790)


Estamos ante el que puede ser el economista más famoso del mundo, considerado como padre de la economía moderna (con permiso de los escolásticos de Salamanca) al ser el autor de una teoría que combina historia, naturaleza humana, ética y desarrollo económico de una manera realmente ejemplar.
Adam Smith nació en 1723 en la pequeña ciudad escocesa de Kirkcaldy, justo al norte de Edimburgo, y fue el hijo único de un padre que murió pocos meses antes y de una madre que vivió noventa años.

A los 14 años, obtuvo una beca para estudiar en la Universidad de Glasgow y más tarde otra para la Universidad de Oxford. Fue uno de los filósofos más importantes de su época y pronunció conferencias sobre ética, teología natural, jurisprudencia y economía política. Fue discípulo de Frances Hutcheson, amigo de David Hume y François Quesnay, y consta que sus discípulos viajaban de varios países a escuchar sus ideas progresistas sobre la filosofía moral que fue la base de la ética kantiana.

En 1764, Smith dejó la enseñanza para aceptar un puesto como tutor para el hijo de un duque y pasó varios años en el continente, en particular Francia, tomando contacto con muchos pensadores franceses como François Quesnay, la figura principal del movimiento de los Fisiócratas, considerada como la primera escuela de pensamiento económico después de la escolástica de Salamanca. Quesnay es el autor del "Tableau economique" y el constructor de los esquemas del flujo circular de la renta y el gasto, que ejerció una gran influencia en Smith. A su regreso, se retiró a su ciudad natal y pasó diez años en el estudio y la escritura, repensando las ideas de los fisiócratas que pensaban que cualquier política que produjera el efecto de ampliar el flujo circular era coherente con el crecimiento económico.

La teoría de los sentimientos morales.

Aunque Adam Smith era tímido y retraído, fue un excelente profesor y conferencista, querido por colegas y discípulos. En 1759, a los 36 años, publicó el primero de sus dos libros, la teoría de los sentimientos morales, considerada una obra cumbre y excepcional en la historia intelectual del mundo, aplaudida por David Hume, pese a tensionar su Tratado de la naturaleza humana. Se trata de una obra pionera en la ética y la filosofía moral, que precede a la obra de Immanuel Kant. No es extraño que Kant dedique siempre palabras generosas a Adam Smith.

La importancia de esta obra es el cuestionamiento que hace Smith a la tesis de Thomas Hobbes planteadas en el Leviatán (1651) que considera al hombre un depredador del hombre (el hombre es el lobo del hombre). Smith se opone a la idea de un hombre inseguro y precario que ve en otro hombre a un competidor con el cual tendrá una guerra a muerte. Para Hobbes, es esta precariedad humana la que obliga la creación del Leviatán, el Estado Político al cual el hombre transfiere su libertad y, por tanto, su capacidad de asesinar. Casi 90 años más tarde, Hume fue muy débil en su tratado de la naturaleza humana. El cambio radical lo hace Smith, quien demuestra que el hombre tiene la facultad de empatía, lo que permite a un sujeto ponerse en el lugar de otro sujeto. Con esto ofrece una concepción dinámica e histórica de la naturaleza humana, criticando la concepción de su maestro y amigo.

La riqueza de las naciones.


El análisis sobre el proceso de crecimiento económico está desarrollado en esta obra, publicada en 1776 (en el año de la independencia de Estados Unidos y de la muerte de David Hume). Su nombre original es "Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones". En esta obra Smith continúa su línea antihobbesiana demostrando que el hombre es un ser social que colabora y participa con otros hombres. Temas como la división del trabajo (con su clásico ejemplo de la fabricación de alfileres), el origen y uso del dinero, los precios de los bienes, los salarios, los beneficios de los accionistas, la renta de la tierra y la fluctuación de los valores de la plata y el oro son analizados en los cinco libros que componen esta tesis.

En el libro II, Smith se aventura ya a esquematizar una tesis sobre el capital y una distinción sobre el trabajo productivo y el trabajo improductivo (tema que retomará Marx casi cien años después). En el libro III traza un relato del desarrollo de Europa desde la caída del Imperio Romano, mientras que en el libro IV analiza y critica las políticas comerciales de los países europeos, trazando argumentos a favor del libre comercio. Toda la extensión del libro V la deja para la recaudación de tributos, con gran detalle histórico sobre los diferentes métodos de defensa, administración de justicia, el poder de la Iglesia, el origen y el crecimiento de los ejércitos, y el manejo de la deuda pública en las naciones modernas. Como puede verse, Smith aborda temas de gran variedad y relevancia.

El éxito que tuvo esta monumental obra opacó el éxito alcanzado por su otra obra, la teoría de los sentimientos morales, en una brecha que se ha acrecentado con el tiempo. Incluso en muchos casos, se toma esta obra como la central del pensamiento de Smith sin hacer referencia a la predecesora. Este abandono es más claro en las relaciones entre ética y economía que plantea Smith en su primera obra, así como en la necesidad de reconocer la pluralidad de las motivaciones humanas, y las exigencias que pone a la racionalidad.

Hay que tener en cuenta un elemento en el análisis de la obra de Smith. La influencia de la "fábula de las abejas" de Bernard de Mandeville, texto que argumenta que los vicios individuales hacen la prosperidad pública. Este elemento se convierte en uno de los temas centrales, pues señala que la motivación para el cambio económico en el mercado no tiene que valerse de ningún otro objetivo más que la búsqueda del interés propio:
"No es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero que esperamos nuestra cena, sino de su relación con su propio interés. Nos dirigidos, no a su humanidad sino a su amor propio".   

En la tradición de la interpretación de Smith como el gurú del egoísmo (así se le ha llamado), la lectura de su obra no es mayor que esas líneas, pero no habla nada de la distribución o producción, sino meramente del intercambio. Smith discute el funcionamiento del sistema económico en general, y del mercado en particular, en relación a que los seres humanos no se guían solo por el beneficio propio; pues sostiene que la humanidad, la justicia, la generosidad y el espíritu público, son cualidades centrales para el funcionamiento de la sociedad.

La mano invisible.

Estamos ante una de las ideas centrales de Smith, muy polémica, pues se le ha achacado en pecar excesivamente de una confianza ciega en el mercado, lo que no es del todo cierto. Veamos lo que dice textualmente para salir de dudas:
"Pero es sólo por su propio provecho que un hombre emplea su capital en apoyo de la industria; por tanto, siempre se esforzará en usarlo en la industria cuyo producto tienda a ser de mayor valor o en intercambiarlo por la mayor cantidad posible de dinero u otros bienes (…) En esto está, como en otros muchos casos, guiado por una mano invisible para alcanzar un fin que no formaba parte de su intención. Y tampoco es lo peor para la sociedad que esto haya sido así. Al buscar su propio interés, el hombre a menudo favorece el de la sociedad mejor que cuando realmente desea hacerlo".

En los tiempos de Smith una de las obras cumbres de la ciencia eran los Principios Matemáticos de Isaac Newton (1667). Es el propio Newton el que introduce la idea de la mano invisible cuando, al referirse a los astros en el Universo, señala que estos parecen estar ordenados por la mano invisible de Dios. A Smith le gustaba esta idea de una mano invisible que ordena las actividades en el mercado, pero asegura que nadie puede estar guiado por motivos de rentabilidad pura. Smith está convencido de que para el correcto funcionamiento de una economía de mercado se deben regular sus errores. Por eso defiende las ideas de la Economía Política que buscan asegurar al Estado los ingresos suficientes para proveer los servicios públicos como la educación gratuita y el alivio a la pobreza.

El tema de la desigualdad y la pobreza es clave para Smith y por eso las políticas económicas deben enmendar esta falla. Smith es plenamente consciente de que una ampliación de la desigualdad puede arrastrar al colapso a la economía de mercado, y por eso que para su correcto funcionamiento el Estado debe garantizar el acceso de todos los agentes económicos a los mecanismos de mercado, sea por la vía de la regulación o por la de intervención. Al contrario de las ideas que se han masificado, Smith fue un claro defensor de la estructura institucional y de los valores sociales que trascienden el afán de lucro. Con la introducción de las ideas de una economía de mercado abierta a todos los hombres, Smith consigue superar el conflicto entre Estado e individuo. Hace 230 años y en las puertas de la revolución industrial, Smith visionó un futuro prometedor para la humanidad donde los temas de ética y desarrollo son indisolubles.


JIV