Tras la vuelta de vacaciones
volvemos a la carga, con un tema que creo que es muy interesante y lo he
intentado explicar lo mas sencillo y fácil posible.
I) Conceptos básicos.
El coste de oportunidad es un
concepto que se puede aplicar a varias cuestiones, no sólo en el ámbito de la
política económica y el mundo empresarial, sino también dentro de las finanzas
personales. El coste de oportunidad es también conocido como el valor de la mejor opción no realizada.
Este término fue acuñado por primera vez por Friederich
von Wieser en su Teoría de la economía social publicada en 1914. el coste de oportunidad entre en un mundo de limitados
recursos y de muchas oportunidades posibles.
El coste de oportunidad es aquello que renunciamos cuando tomamos una
decisión económica, pues supone reconocer una opción a la hora de la toma
de decisión. Se basa en el principio de rentabilidad esperada, y
parte de que los agentes económicos basan sus decisiones en base al coste o privación de recursos para
conseguir la mayor rentabilidad.
II) El coste de oportunidad en nuestras vidas.
El coste de oportunidad tiene una
gran importancia tanto en las
decisiones sobre nuestro patrimonio como en las más personales. Porque siempre
analizaremos nuestras decisiones con el objetivo
de obtener la mayor rentabilidad esperada.
En el caso de las decisiones sobre nuestro patrimonio, el
coste de oportunidad intervendría del siguiente modo.
Supongamos que tenemos un gran
terreno, y entre nuestras opciones barajamos construir una casa, o en cambio
alquilarlo para obtener una renta. Si finalmente nuestra decisión consiste en
construimos una casa, el coste de oportunidad sería equivalente al valor actual
de las rentas perdidas por no haberlo alquilado, además de los costes
incurridos al haberla construido.
Así también influye en las decisiones personales.
Por ejemplo, supongamos que un
sábado por la tarde tenemos la opción de ir al cine con nuestra pareja o ver un
partido de futbol compartiendo unas cañas con nuestros amigos, o visitar a un familiar. En la mayoría de los casos,
cualquier individuo optaría por la opción
que minimice su coste de oportunidad.
III) El coste de oportunidad en la empresa.
Diariamente las empresas tienen
que tomar decisiones de inversión y
financiación con las que intentan optimizar
los recursos disponibles con el objetivo de maximizar su beneficio.
Y por tanto tienen muy presente el concepto de coste de oportunidad a la hora
de analizar las acciones a emprender.
Un ejemplo sería el caso de una
empresa con buena posición de liquidez que se plantea adquirir unos terrenos.
Supongamos que se plantea adquirirla con dinero en efectivo, o en cambio
mediante un préstamo. Las empresas con mucha liquidez acuden a la financiación
con el objetivo de beneficiarse entre otras cuestiones, del tratamiento fiscal
de los créditos. En este ejemplo, una empresa que compra un terreno con
efectivo, estaría incurriendo en un coste de oportunidad igual al valor actual
de las desgravaciones fiscales a obtener mediante la opción del recurso a la
financiación.
IV) El Coste de oportunidad en la política económica.
En muchas ocasiones, un gobierno
como gestor económico de los
recursos y bienes públicos, decide, o al menos debería hacerlo, sobre en qué
gastar y como maximizar objetivos de la
generalidad de los ciudadanos de su circunscripción administrativa,
partiendo de la máxima económica de que los recursos son escasos.
Este es el dilema similar al de los
cañones y la mantequilla, es decir, en un simplificado ejemplo en el que un
Estado tendría que decidir entre emplear más recursos en armamento (cañones)
para defender sus fronteras ante posibles invasiones, y bienes materiales para
su población (mantequilla). El gobierno, en teoría, apostaría por aquella opción que maximice la utilidad de sus
conciudadanos. Eligiendo la combinación
de cada bien de cara a la consecución de ese objetivo.
V) Conclusiones.
El coste de oportunidad nace y muere en la propia economía, ya
que perdería su esencia si los recursos
no fuesen limitados.
Resumiendo, el coste de
oportunidad en muchas ocasiones es objetivo (en la mayoría de las veces en el
mundo empresarial), pero en otras veces
está lleno de subjetividad, como en el caso de la política económica y en
las decisiones personales, dependiendo de quien hace el análisis porque
entramos en juicios de valor.
Por ello, a la hora de valorarlo es muy importante tener presentes cuales son los
objetivos que se quieren maximizar,
y el valor que tiene para nosotros aquello que dejamos de ganar.
JIV
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